11 abr. 2011

Gomorra

Roberto Saviano

Hay innumerables pasajes en este relato que estremecerían a cualquiera hasta el punto de hacerle plantearse aparcar la lectura para otro día o quizás para siempre. Cuesta creer que estando tan cerca de nuestras costas conozcamos tan poco de lo que se ha venido cociendo en Nápoles desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Un hervidero de gente entre la que resulta imposible distinguir al camorrista del ciudadano modélico pues por absurdo que parezca ambas figuras a menudo convergen en la misma persona. La de las pizzas y las panderetas es una ciudad excitante cuya belleza y vitalidad se han visto salpicadas por una violencia desmesurada hasta el punto de haber perdido el pulso ante una organización omnipresente e invisible.
Gomorra es una lectura indispensable para comprender el funcionamiento del sistema criminal de la Campania, para conocer cómo los clanes camorristas se han abierto camino en el entramado empresarial y político corrompiendo e infestando a su paso a toda una sociedad hasta amasar fortunas incalculables, y para ser consciente de las proporciones y escalabilidad así como del carácter internacional y exportador del modelo criminal.

"Nunzio de Falco fue arrestado en Albacete cuando viajaba en el Intercity Valencia - Madrid. Había montado un poderoso cártel criminal junto a varios hombres de la 'Ndrangheta y algunos disidentes de la Cosa Nostra, y trató asimismo -según las investigaciones de la policía española- de dotar de una estructura de grupo criminal a los gitanos presentes en el sur de España. Había construido un imperio. Complejos turísticos, casas de juego, negocios, hoteles... La Costa del Sol había conocido un salto cualitativo en sus infraestructuras turísticas desde que los clanes Casalesi y napolitanos habían decidido convertirla en una perla del turismo de masas.

En Enero de 2003, De Falco fue condenado a cadena perpetua como responsable de haber ordenado el homicidio de Don Peppino Diana. Mientras se leía la sentencia en el tribunal, me entraron ganas de reír; una carcajada que logré contener hinchando los carrillos. No podía resistir el carácter absurdo de lo que se estaba materializando en aquella sala. Nunzio De Falco había sido defendido por el abogado Gaetano Pecorella, que resultaba ser a la vez presidente de la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados italiana y defensor de uno de los máximos boss del cártel camorrista casalés".

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