15 oct. 2011

Sunset Park

Paul Auster

- Ellen Brice -

She is standing in the front porch of the house, looking into the fog. It is Sunday morning, and the air outside is almost warm, too warm for the beginning of December, making it feel like a day from another season or another latitude, a damp, balmy sort of weather that reminds her of the tropics. When she looks across the street, the fog is so dense that a cemetery is invisible. A strange morning, she says to herself. The clouds have descended all the way to the ground, and the world has become invisible - which is neither a good thing nor a bad thing, she decides, merely strange.

It is early, early for a Sunday in any case, a few minutes past eleven o'clock, and Alice and Bing are still asleep in their beds on the second floor, but she is up at first light again as usual, even if there is little light to speak of on this dull, fog-saturated morning. She can't remember the last time she managed to sleep for six full hours, six uninterrumped hours without waking from a rough dream or discovering her eyes had opened at dawn, and she knows these sleep difficulties are a bad sign, an unmistakable warning of trouble ahead, but in spite of what her mother keeps telling her, she doesn't want to go back to the medication. Taking one of those pills is like swallowing a small dose of death. Once you start with those things, your days are turned into a numbing regimen of forgetfulness and confusion, and there isn't a moment when you don't feel your head is stuffed with cotton balls and wadded-up shreds of paper. She doesn't want to shut down her life in order to survive her life. She wants her senses to be awake, to think thoughts that don't vanish the moment they occur to her, to feel alive in all the ways she once felt alive. Crack-ups are off the agenda now. She can't allow herself to surrender anymore, but in spite of her efforts to hold her ground in the here and now, the pressure has been building up inside her again, and she is beginning to feel twinges of the old panic, the knot in her throat, the blood rushing too quickly through her veins, the clenched heart and frantic rhythms of hear pulse. Fear without an object, as Dr. Burnham once described it to her. No, she says to herself now: fear of dying without having lived.

9 oct. 2011

Manifiesto Comunista

Karl Marx, Friedrich Engels

La proclama del partido comunista, publicada en 1848 por encargo de la Liga de los Comunistas, incluye en su primer capítulo, Burgueses y Proletarios, una reflexión premonitoria que vale la pena leer por su similitud a la calamitosa situación de la sociedad (aún burguesa) actual. 

"Hemos visto, pues: los medios de producción y de comunicación sobre cuya base se formó la burguesía fueron creados en la sociedad feudal. Alcanzando cierto nivel de desarrollo de estos medios de producción y de comunicación, las relaciones conforme a las cuales producía e intercambiaba la sociedad feudal, la organización feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra, las relaciones de propiedad feudales, dejaron de corresponder a las fuerzas productivas ya desarrolladas. Estas relaciones de propiedad frenaban la producción, en lugar de favorecerla. Se convirtieron en otras tantas trabas. Hubo que romperlas, y las rompieron.

En su lugar, apareció la libre concurrencia, con la constitución social y política adecuada a ella, con la dominación económica y política de la clase burguesa.

Ante nuestros ojos se produce un movimiento parecido. Los medios de producción y comunicación, las relaciones de propiedad burguesas, la moderna sociedad burguesa, que tan espectaculares medios de producción y comunicación se ha sacado del sombrero, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias subterráneas que él mismo ha conjurado. Desde hace decenios, no es la historia de la industria y del comercio otra cosa que la historia de la rebelión de las modernas fuerzas productivas frente a las modernas relaciones de producción, frente a las relaciones de propiedad, que son las condiciones de vida de la burguesía y de su dominio. Basta mencionar las crisis comerciales, que en su periódica reaparición, cada vez más amenazante, cuestionan la existencia de la sociedad burguesa. En las crisis comerciales no sólo se destruye regularmente gran parte de lo producido, sino gran parte de las fuerzas productivas ya creadas. En las crisis se desata una epidemia social que en todas las épocas anteriores hubiera parecido como algo absurdo, la epidemia de la sobreproducción. La sociedad se halla de pronto retrotraída a un estado de momentánea barbarie; el hambre, la devastadora guerra general, parecen haberla privado de todas las provisiones; la industria, el comercio, parecen estar destruidos, y ¿por qué? Porque posee demasiada civilización, demasiadas provisiones, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas que tiene a su disposición no sirven ya para fomentar las relaciones de propiedad burguesas. Al contrario, se han vuelto demasiado poderosas para esas relaciones, que las frenan ahora; y tan pronto como superan ese freno, provocan el desorden en toda la sociedad burguesa, ponen en peligro la existencia de la propiedad burguesa. Las relaciones burguesas se han vuelto demasiado estrechas para abarcar la riqueza que han creado. ¿Cómo supera la crisis la burguesía? Por un lado, mediante la forzada destrucción de una masa de fuerzas productivas; por otro, conquistando nuevos mercados y explotando más a fondo los viejos. ¿De qué manera entonces? Preparando crisis mas universales y violentas y dosminuyendo los medios de prevenirlas.

Lar armas con las que la burguesía derribó el feudalismo se dirigen ahora contra la burguesía misma.

Pero la burguesía no solo ha forjado las armas que van a darle muerte; ha creado también a los hombres que van a manejarlas, los obreros modernos, los proletarios".

8 oct. 2011

Por Quien Doblan Las Camapas

Ernest Hemingway
 
La novela, publicada en 1940 bajo el título original For Whom The Bell Tolls, se desarrolla durante la Guerra Civil Española y narra la historia de un profesor de español que, procedente de Estados Unidos, llega a España para combatir del lado republicano como experto en explosivos y con la misión de volar un puente clave para la batalla de Segovia.

Hemingway presenció la guerra como corresponsal, siendo testigo de la crueldad de la contienda. Aunque él lo negase, hay, por lo visto, pasajes inspirados en hechos que pudieron suceder realmente. Sucediera o no, no puedo ocultar que me sorprendió el nivel de detalle y extensión con que Hemingway, afín a la ideología republicana, narra el linchamiento y ejecución de una multitud de partidiarios de los sublevados entre los que se encontraban civiles, cargos públicos y miembros de la iglesia. Es posible que el pasaje se base en lo acontecido en Ronda en 1936, cuando varios cientos de adeptos del bando fascista fueron despeñados tal y como narra el escritor norteamericano.

En un mercadillo de Dublín, me hice con una copia de la novela, de la editorial Penguin Books, impresa alrededor de 1970. No fue tarea fácil hacer una lectura medianamente fluida en un inglés repleto de arcaísmos lingüísticos y lo que es peor, de expresiones que Hemingway posiblemente trató de traducir literalmente, y no con mucho sentido, del español. Ahí van unos ejemplos:
"Go obscenity in the milk of thy cowardice".
"Oh, God and the Virgin, obscenity them in the milk of their filth". 
"Wash thy mouth out, old one. Thou must have much thirst with thy wounds".

Aunque también hay motivos para reírse un poco leyendo:
"What passes with that Inglés? What is he obscenitying off under that bridge? Vaya mandanga! Is he building a bridge or blowing one?".
"That all the cruts of Russian sucking swindlers should aid us now". He fired and said, Me cago en tal; I missed him again".

Tengo curiosidad por revisar una edición actual para comprobar si se han mantenido todos esos arcaísmos. 

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